¿Castillos para niños? El mejor plan en familia

¿Castillos para niños? El mejor plan en familia

Entra en un castillo en familia y déjate llevar por la Historia

¿Castillos para niños? Claro que sí, creo que muchos padres, como yo cuando era pequeño, fantaseaba y jugaba con palos espada. Me hacía mi propio castillo o fortaleza inexpugnable con cajas o cojines, convertía mi habitación en un auténtico fortín a prueba de hermanos o construyendo puestos de observación, estando estas atalayas siempre alerta por si venían mis padres. Aunque también era capaz de levantar castillos de arena tan dignos como los castillos del Loira (o casi…). Mis mejores recuerdos giran alrededor de una excursión a un castillo en familia.

Castillo de Alba en Granadilla (Cáceres)
Castillo de Alba en Granadilla (Cáceres). ©Marieta Bermudo

Quizás fuese un poco trasto de pequeño… y de mayor, pero reconozco que como mejor se aprende es mediante el juego. Básicamente con una buena motivación, lo cual no siempre es fácil. Cuando en mi vida pasé de hijo a padre como podéis imaginaros cambiaron muchas cosas. Una de ellas la forma de entender el ocio.

Sé que cuando viajas con niños, no es que no puedas hacer cosas, sino que las tienes que hacer a otro ritmo: al de los hijos. Ésto hay que verlo como un pro y no un contra. Desde mi experiencia, el poder visitar una atalaya, fortaleza o castillo en familia en sus distintas formas es una oportunidad única. La de poder vivir aventuras en familia, ver disfrutar a los más pequeños descubriendo un mundo de ensueño. A estas alturas ya habréis imaginado que soy de ese tipo de padre que visita las fortalezas escoltado por valientes hijos con escudos y espadas de goma espuma.

El castillo de Cerralbo (Salamanca) ofrece un escenario para vivir aventuras con los más pequeños.
A pesar de su estado ruinoso, el castillo de Cerralbo (Salamanca) ofrece un escenario para vivir aventuras con los más pequeños. ©Marieta Bermudo

Gracias a la protección que nos ofrecen nuestros niños-escuderos, mi mujer y yo podemos disfrutar con tranquilidad de la Historia dentro de cualquier fortín. Los que tenemos la suerte de vivir en la Península Ibérica, y más concretamente en España, tenemos a nuestro alcance multitud de fortificaciones y recintos amurallados que recorren toda nuestra Historia.

Desde los castros pre romanos, a las fortificaciones de los años cuarenta y cincuenta “tipo Segunda Guerra Mundial”, pasando por los castillos medievales o los de escuela Vauban (como el de Almeida). Tenemos la suerte de encontrar ejemplos de una época u otra en todas nuestras provincias.

Castillos y fortalezas para niños: joyas de ingeniería y arquitectura.

Una de las cosas que más me gusta y que más curiosidad suscita a mis hijos es el: ¿cómo lo han hecho? o ¿por qué lo hicieron así?  Me sirve para que entiendan que las cosas no han sido siempre como son hoy en día y también, por qué no decirlo, que valoren el trabajo y esfuerzo que realizaron los diferentes pueblos que las ingeniaron.

Más allá de las diferentes soluciones estructurales que esos buenos hombres que nos antecedieron pudieron dar a los problemas que se encontraron, nada fáciles de concebir o ejecutar, podemos adentrarnos en la necesidad y evolución de estos castillos. ¿Por qué este castillo es tan alto y el del otro día no se veía?

Evolución de las  fortalezas y castillos para niños y padres

 Os voy a dar una brevísima descripción de la evolución de las mismas, por si os preguntan los  más pequeños (o los más grandes):

Fortificaciones de las edades primitivas

Empezarían con aquellas tribus dedicadas al pastoreo, las cuales se veían amenazadas por otras poblaciones o por fieras que intentaban adueñarse de su ganado. Para poder detectarlos con cierta antelación, idearon  torres de piedra o tierra en zonas dominantes a modo de atalaya. Con el paso de los años, el sedentarismo, la agricultura y el aumento de la riqueza y posesiones llevaron a una mayor complejidad. Aparecieron los famosos recintos megalíticos, construidos en zonas dominantes del terreno en base a piedras irregulares. Dentro de este tipo incluimos los castros que encontramos en el norte de España.

Exterior del castro de Yecla de Yeltes (Salamanca)
Exterior del castro de Yecla de Yeltes (Salamanca) con la defensa frente a la caballería que proporcionan las piedras hincadas. ©Marieta Bermudo

Edad antigua

Como las poblaciones seguían creciendo se crea la ciudad, y con ésta la necesidad de defenderla. Empiezan a surgir las acrópolis, nombre griego que reciben las ciudadelas en esa época. Ésta ciudadela en realidad no era más que lo más tarde sería la torre de homenaje de los castillos medievales… Como esta defensa no era suficiente, hacían falta murallas que defendiesen el perímetro de la ciudad, como encontramos desde Babilonia pasando por la Cartagena púnica y llegando a nuestra querida Ávila.

Las murallas se fueron perfeccionando rápidamente, ganando espesor en base y altura. Este hecho no solo dificultaba a los atacantes su paso, sino que permitía a los defensores el poder almacenar y lanzar proyectiles cada vez más complejos.

En el yacimiento romano de Cäparra (Cáceres) se conservan las bases de las torres de la muralla
En el yacimiento romano de Cáparra (Cáceres) se conservan las bases de las torres de la muralla. ©Marieta Bermudo

Desde mi punto de vista, el siguiente hito fueron las torres flanqueantes. Con estas torres pegadas al paño de la muralla se podía disparar sobre los enemigos que habían alcanzado los pies de las murallas. “Las puertas de entrada a las murallas se defendían poniendo más juntas las dos torres flanqueante que la encuadraban”*.

En España podemos encontrar múltiples vestigios de los castros romanos, los cuales se caracterizan por su planta rectangular, estar rodeados por un foso (sin cocodrilos) y con un terraplén hecho con la tierra que sacaban de la excavación del foso. Sin duda estos romanos eran muy apañados.

Edad Media

Sin lugar a duda, esta es la gran época del castillo feudal. Como no había ejércitos de manera permanente, tampoco había castros. Así que el castillo no tuvo competencia por varios siglos…

De manera muy general estos castillos medievales solían tener estos elementos: un recinto exterior amurallado (en algunos casos doble) con torres, al menos un foso y  hacia el interior una torre del homenaje. Ésta era más alta que el resto, y podría batir por el fuego al resto de torres.

En el castillo de Montemolín (Badajoz) encontramos torreones a lo largo de toda la muralla. Es un gran castillo para niños.
En el castillo de Montemolín (Badajoz) encontramos torreones a lo largo de toda la muralla. Es un gran castillo para niños. ©Marieta Bermudo

“La torre del homenaje, que también se ha llamado torre maestra y macho, era, generalmente, la más importante en robustez, cabida y situación, constituyendo la  ciudadela, el reducto de seguridad, el último refugio”**. Y es que el defensor siempre estaba envuelto en la esperanza de que si no podía vencer por las armas, o no venía auxilio, siempre cabría la victoria por cansancio del atacante.

Siglo XV y XVI

Como hemos visto las torres eran importantes hasta que la pólvora y la artillería entraron en juego. La artillería se convirtió en esa suerte de arma de destrucción masiva y la caída de Constantinopla fue un golpe de efecto a la mentalidad poliorcética de los finales de la Edad Media.

Castillo de Manzanares el Real (Madrid) construido en el el siglo XV, ideal para familias
Castillo de Manzanares el Real (Madrid). ©Marieta Bermudo

Al principio la artillería tenía poco alcance y era incapaz de perforar los bien trabados muros de los castillos. Esto hizo que toda suerte de  cañones se incorporara en el dispositivo defensivo. Pero ya en el siglo XVI y como diría el padre de  Conan “el secreto del acero siempre ha llevado consigo un misterio”, misterio que fue descubriéndose cada vez a mayor ritmo. Surgieron los cañones que ya sí derrotaban los viejos paños de muralla antes inexpugnables. Así que viéndose la que se les venia encima, los ingenieros  que diseñaban estas fortalezas entendieron que había que reducir el perfil, o sea, construir torres y murallas más bajas.    

Tenemos que entender que se necesitaba espacio para alojar a la artillería de defensa y toda su impedimenta, así que las torres se siguieron haciendo más bajas y con mayor plataforma (torreones). No fue suficiente y se bajaron las torres a nivel de las murallas llamándose a estas rondeles, pero siguió sin funcionar. Fueron apareciendo frente a estas vallas terrestres, de múltiples formas  geométrica, aunque la que acabó prevaleciendo fue la pentagonal… y así, sin quererlo, nuestro amigo el baluarte entró en nuestras vidas con su gola, orejones, cortina, flanco y caras que nunca dejarán de sorprenderme.

Siglo XVIII: sistema Vauban

Alcanzado este punto y vista la ineficiencia de los castillos medievales, se decidió por profundizar en el uso de los baluartes y la geometría. Se daba a la fortificación una serie de formas poligonales en busca de la optimización de las piezas de artillería y el fuego cruzado.

Baluarte de Almeida, la estrella de Beira interior.
Almeida, la estrella de Beira interior. ©Marieta Bermudo

Otro factor que desde mi punto de vista se veía reforzado es el hecho de que el defensor ganaba en profundidad y capacidad de contraataque.  Pues cualquier baluarte o elemento de la fortificación que cayese en manos del enemigo podía ser batido por el fuego de los defensores desde otro punto.

Cuándo les pregunté a mis hijos qué tipo de soldados defendían estas fortalezas, me dijeron de todo menos los de la caballería… Y una cosa que he visto en más de una de estas fortificaciones es el excelente uso que hacían de los fosos. En estos se disparaba al enemigo con todo lo que se tenía y llegado el caso se abrían las poternas y los  defensores contraatacaban con todo lo que tenían. En estos casos, y si todavía les quedaban caballos, un ataque de flanco a una infantería ligera poco organizada era altamente rentable.

Foso de la fortificación de Ciudad Rodrigo
Foso de la fortificación de Ciudad Rodrigo. ©Marieta Bermudo

Hay muchas cosas interesantes en este tipo de fortificaciones, como podrían ser los materiales usados, procesos constructivos y la suma importancia del levantamiento topográfico. Si fallaban en éste, todo su trabajo habría sido en vano.

Probad a usar Google Maps y buscar la foto aérea. Si veis formas geométricas a granel cual mandala, es una fortificación abaluartada. Enseñárselo a vuestros hijos y disfrutar de sus caras.

Armas, batallas y plazas fuertes

Creo que sería muy difícil encontrar una atalaya, castillo o fortaleza que no haya tenido un hecho de armas o suceso curioso digno de ser recordado. Es muy divertido el poder disfrutar de las recreaciones históricas, de los centros de interpretación o museos en los que los niños se pueden vestir, tocar y sentir lo que vivían los hombres que defendieron o tuvieron que atacar esas posiciones a priori inexpugnables.

Pasear por el perímetro de estos lugares, nos permite ver los asentamientos de las diferentes armas y de sus sirvientes. Ya fueran las piedras, aceite hirviendo, pasando por ballestas, cañones… viviendo lo que pensarían esos defensores a la espera de ese malvado enemigo. Porque ya sabemos que a ciertas edades tiene que haber siempre un malo muy malo…

Otro juego o actividad que hago con mis niños cuando voy a una fortaleza, es la de aproximarme rodeándola y preguntarle a mis peques cómo la tomarían y por dónde. Esto que en principio parece que puede dar para poco, puede ser de las actividades más divertidas que hagáis con vuestros hijos. Según les vas respondiendo qué haría ese malvado enemigo, ellos empiezan a echar humo buscando una técnica infalible y definitiva. Al final siempre acabo contándoles cómo sucedió en la realidad y pasamos a disfrutar de los entresijos del castillo en familia.

Tengo que reconocer que soy un amante de las fortificaciones abaluartadas del siglo XVIII. Y de cómo los ingenieros que diseñaban esas fortificaciones de un día para otro se convertían en asaltantes de las mismas, rompiéndose la cabeza pensando cómo tomarlas. Una de las cosas más curiosas es que encontraron la solución en la Historia. Los ingenieros volvieron a usar las líneas de circunvalación y contra circunvalación, concepto que ya usó Escipión ante Numancia.

Deja el sedentarismo en casa y recorre una fortaleza…

Si hay una verdad inmutable en este asunto de ver un castillo en familia, es que vais a caminar bastante.  Y para mi éste es uno de sus puntos fuertes menos valorados, porque si lo piensas bien la vida es cada vez más sedentaria. Hacer un poco de ejercicio en familia mal, lo que se dice mal, no viene.

Cuando sales al campo y te decides a hacer una rutita fácil con los niños tienes que valorar innumerables cosas… Incluso la más terrible de todas: “papá, estoy taaaan cansado”. Esas son las  palabras mágicas que convierten súbitamente a los padres en una suerte de sherpas durante el resto del camino.  No diré que estas palabras no vayan a resonar en el castillo cuál lamento mortecino… Pero incluso en el peor de los casos no estás a mitad de camino de una ruta lineal, sino que estas en un espacio controlado y próximo al punto de partida.

Por eso, si tenéis que elegir una ruta para pasear con ellos, buscar la forma de que vayáis a alguna atalaya, castillo o fortaleza similar. Por que así los más pequeños irán con otro ritmo y sobre todo con otra cara (al menos mis hijos).

Si os ha gustado el artículo o queréis que hablemos de algo en especial hacérnoslo llegar por los comentarios o redes sociales… y recordad: soy el padre de los niños con espadas.

Bibliografía

Sancho-Sopranis Fabraud, J., Díaz Arévalo, Á., y R. Jiménez Olea. Fortificación. Primera parte. Imprenta San Fernando. Burgos, 1959.

* página 2.

** página 3.

Gracias @thegreentigerhouse por colaborar con Historia, maleta y niños con este artículo tan completo.

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Atalaya de Torrelodones

Fortaleza de Almeida

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