Jardines y arte: Real Jardín Botánico de Madrid

Jardines y arte: Real Jardín Botánico de Madrid

Existe en pleno centro de Madrid un lugar maravilloso, donde se entremezclan la investigación científica, niños aventureros, y los rincones románticos en una explosión de color y aromas: el Real Jardín Botánico de Madrid. Su creación tuvo lugar en el siglo XVIII, como parte de los proyectos de mejora y engrandecimiento de los edificios públicos, que además servían para representar la grandeza de la nueva dinastía y acondicionar los espacios para disfrute de los ciudadanos. Tanto entonces, como hoy, el Real Jardín Botánico fomenta la cultura y desarrollo científico.

Una rosa crece en el Real Jardín Botánico de Madrid
Una rosa crece en el Real Jardín Botánico de Madrid. ©Marieta Bermudo

Antes del Jardín Botánico

Migas Calientes

En el siglo XVIII D. José Ortega, boticario de Fernando VI y gran aficionado a la botánica, es consciente de la importancia de la creación de un jardín en el que poder cultivar plantas para uso médico, al igual que se hacía en otras capitales europeas. Se lo hizo saber al presidente de la Real Academia Médica de Madrid. La idea comenzó a cuajar, ya que el cirujano, botánico y militar José Quer (1695-1774) creó un pequeño huerto a este efecto al lado del cuartel de Guardias de Corps. En 1755, mediante una Real Orden, Fernando VI designa la conocida finca de Migas Calientes para que se instale allí el Jardín Botánico, dirigido por Quer, quien trasladó allí sus propios cultivos.

Plano de la huerta de Migas Calientes, primer jardín botánico de Madrid
E. Marchand. Jardín Botánico de Migas Calientes. Plano del estado de la huerta de Migas Calientes que cede Luis Riquer a Luis I. 1724. AGP Registro 07091, Plano 5195.

Migas Calientes eran unos terrenos cultivados desde antiguo, situados junto al camino viejo a El Pardo y lindando con la tapia del palacio de la Moncloa. Obtenía el agua para regar del hoy soterrado arroyo de Cantarranas. Desde el siglo XV habían sido numerosos los nobles de la Corte quienes se construyeron allí sus residencias de recreo, todas ellas dotadas de amplios jardines y huertas. El lugar también era muy apreciado por los ciudadanos de la Villa, quienes disfrutaban del frescor de la zona en las noches estivales. Además, en 1792, la oferta recreativa aumentó, ya que se inauguraron unos baños públicos. Se podría establecer una similitud con la función que tiene hoy en día toda esta zona, ya que, a pesar de los nudos de carreteras, hoy se encuentran diversos clubes deportivos y sociales, además de los viveros municipales…

El traslado

Pero, aunque Migas Calientes se encontraba en una ubicación privilegiada, el Madrid ilustrado crecía hacia nuevas áreas. El Rey se había mudado al palacio del Buen Retiro mientras duraban las obras del Palacio Real. El Duque de Losada consideraba la finca de Migas Calientes «extramuros y distante de la Corte», por lo que finalmente Carlos III ordenó en 1774 trasladar el Jardín al Prado Viejo.

Proyecto del Salón del Prado

La zona del Prado Viejo de Atocha o de San Jerónimo estuvo siempre bien arbolada, pero especialmente desde el siglo XVII, procurándose que a estos árboles no les faltara el riego y estableciéndose multas para quienes los dañaran. Se buscaba tanto la sombra como la variedad de los ejemplares, para causar un agradable efecto de entrada en la Villa.

Paseo del Prado con personajes. Siglo XVIII. Juan José Camarón
Juan José Camarón y Meliá. Paseo del Prado con personajes junto a una vendedora ambulante. Siglo XVIII. Óleo sobre lienzo, 280 x 180 cm. © Museo Nacional del Prado

En las siguientes décadas, y sobre todo durante el siglo XVIII, el Prado es objeto de distintos proyectos de mejora y urbanización. La Corona comienza a comprar fincas de la zona, para poder ensanchar el paseo y darle ese aspecto de salón tan característico. Los arquitectos que trabajan en las reformas buscan recrear un patio cortesano, con sus fuentes y plazas, embellecido por la monumentalidad de los edificios e instituciones que lo enmarcan. ¡Éste sería el lugar perfecto para el nuevo Jardín Botánico!

La Colina de las Ciencias

La Colina de las Ciencias se convertiría en la joya de este nuevo Prado, en el que las ciencias experimentales gozarían de un espacio privilegiado como símbolo del progreso que traía la monarquía. El proyecto era perfecto, dado que se aunaba la intención de embellecer el entorno urbano de Madrid con la creación de centros para la investigación científica. El elemento central sería la Academia de Ciencias: grandioso edificio que cumplía perfectamente la doble función monumental y práctica. En la Colina de las Ciencias también estaría el Observatorio Astronómico, que previamente estaba localizado en el palacio del Buen Retiro. Finalmente, el Real Jardín Botánico, dedicado exclusivamente a la botánica, completaría la Colina.

El Jardín Botánico desde el Museo del Prado. Siglo XVIII. Luis Paret
Luis Paret y Alcázar. El Jardín Botánico desde el Museo del Prado. c. 1790. Óleo sobre tabla. 58 x 88 cm. © Museo Nacional del Prado

La historia del Real Jardín Botánico de Madrid

El traslado del Jardín Botánico desde Migas Calientes implicó que los mejores arquitectos se pusieran manos a la obra para ofrecer un espacio digno y acorde con la importancia del proyecto. La modernidad había llegado a la zona de los Prados, y el Botánico habría de extenderse desde Atocha hasta la fuente de Apolo, y llegar hacia el este a la ermita de San Blas, ubicada en los jardines del Buen Retiro -tendría una extensión mayor que la actual-. El Jardín Botánico se convertiría en uno de los centros de estudios más importantes del mundo, con una fabulosa biblioteca y gran actividad científica.

Niño haciendo fotos en el Jardín Botánico de Madrid
El Jardín Botánico despierta la creatividad de los nuevos fotógrafos. © Marieta Bermudo

Proyecto de Francesco Sabatini

Sabatini fue el primer arquitecto encargado de dar forma al nuevo Jardín Botánico. Su proyecto dividía el espacio en dos zonas: una ajardinada o cuerpo principal -que existe hoy- y otra dedicada a huerto y viveros, que llegaría hasta Atocha. Para salvar el desnivel del terreno diseñó tres terrazas, así como el cerramiento del recinto. Sabatini propuso una distribución de las parcelas ajardinadas que no se llevó a cabo.

Proyecto de Sabatini para el Jardín Botánico, siglo XVIII
Francisco de Sabatini (atribuido). Proyecto del Jardín Botánico, ca. 1778. 613 x 467 mm. Papel agarbanzado claro. Tinta, aguadas gris y verde. Colecciones de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. A-0040.

Sí se construyó la archiconocida Puerta Real, que abre el Jardín hacia el Paseo del Prado. Uno de los primeros recuerdos que tengo del Jardín Botánico es ver a los estudiantes de arquitectura (o quizá fueran de bellas artes), sentados en el césped frente a la puerta dibujándola y pensar que parecía divertido a pesar de las enormes carpetas que llevaban.

Fotografía de la Puerta del Jardín Botánico. 1935
Archivo Ruiz Vernacci. Puerta del Jardín Botánico. 17/07/1935. Soporte flexible a la gelatina. VN-36654. © Fototeca del Patrimonio Histórico

Juan de Villanueva

Juan de Villanueva es el siguiente arquitecto que toma las riendas del proyecto. Mantuvo la distribución en terrazas de su predecesor, aunque modificó sustancialmente la cuadrícula, adaptándola a los criterios científicos y docentes. Bajo su dirección se realiza el Pabellón de Villanueva -antes conocido como Invernáculos, puesto que fue el primer invernadero del Jardín-, y los emparrados de los paseos laterales, además de la Puerta de Murillo, que pronto sustituyó a la Real como entrada al Jardín.

Pabellón Villanueva del Jardín Botánico
El Pabellón de Villanueva está situado en la terraza más alta de las originales del Jardín Botánico. © FDV.

Siglo XIX

Vista de la fachada sur del Museo del Prado, desde el interior del Jardín Botánico. José María Avrial. Siglo XIX
José María Avrial y Flores. Vista de la fachada sur del Museo del Prado, desde el interior del Jardín Botánico. c. 1835. Óleo sobre lienzo. 42 x 56 cm. © Museo Nacional del Prado

Como es de suponer, los años de la Guerra de la Independencia supusieron un desastre para el desarrollo y las investigaciones del Jardín Botánico aunque, afortunadamente, la actividad se retomó cuando volvió la paz.

En 1857 se efectúa una reforma bastante importante del jardín, creando el invernadero o estufa de Graells (en honor al director Mariano de la Paz Graells). Este espacio es una verdadera preciosidad, donde crecen musgos, helechos, plataneras… Y, por supuesto, el suelo, que es una gloria. En esta época se instaló un zoológico en el jardín, aunque pocos años después se trasladó al Retiro.

Estufa de Graells, Jardín Botánico de Madrid
Interior de la preciosa estufa de Graells. © Marieta Bermudo

A final de siglo se inician las obras del Ministerio de Agricultura -en origen Escuela de Artes y Oficios, y luego Facultad de Ciencias- en Atocha, por lo que el Jardín pierde dos hectáreas, quedando ya de un tamaño similar al que tiene en la actualidad.

Siglo XX

Las actividades científicas prosiguen a lo largo de las primeras décadas del siglo XX, cuando se habilita una segunda planta en el Pabellón de Villanueva destinada a laboratorios. Destacan dos momentos: en 1939, cuando pasa a depender del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y 1942, cuando es declarado Jardín Artístico. Después vino una época de decadencia debido a las dificultades económicas, fueron tantas que se llegó hasta casi el abandono del proyecto.

Jardín Botánico de Madrid principios del siglo XX. Antonio Passaporte
Antonio Passaporte. Madrid, Jardín Botánico. 1927-1936. Archivo LOTY, nº inventario LOTY-00128. © Fototeca del Patrimonio Histórico

En 1974 se cerró el jardín al público, y no volvió a abrirse hasta 1981. En este tiempo los recursos aumentaron, así que se emprendieron importantes reformas. No obstante, durante los primeros 4 años, las obras modificaron la fisionomía del jardín y cambiaron su trazado original… Por suerte se pudo rectificar y acometer una restauración que respetara el valor histórico: se recuperó el trazado inicial de las tres terrazas, aparecieron escalones y muretes, así como los fontines originales, que se encontraban casi enterrados.

La reapertura coincidió con el bicentenario del traslado del Real Jardín al Paseo del Prado.

El Jardín Botánico en la actualidad

En 2005 se añade una nueva terraza a las tres que existían desde los orígenes del Jardín, la llamada Terraza Alta o de los Laureles. Se consiguió aumentar en 1 hectárea el espacio del recinto por la parte trasera del Pabellón de Villanueva.

El Pabellón alberga en estos momentos una sala para las exposiciones temporales, la tienda y el café. El Jardín es un espacio vivo, y se realizan numerosas actividades culturales, tales como conciertos al aire libre, talleres y propuestas para los más pequeños.

¿Para qué sirve el Jardín Botánico?

Niños en el interior de la estufa de Graells
Nuestros niños disfrutaron paseando por el interior de la estufa de Graells… y nosotros admirando la estructura. © Marieta Bermudo

Investigación científica

La investigación científica es la base sobre la que se asienta la fundación del Real Jardín Botánico. El siglo XVIII fue el gran momento del estudio y aplicación práctica de las ciencias experimentales. La ciencia moderna se basa en los avances obtenidos a través del método experimental, y las tareas realizadas en el Jardín Botánico cumplían estos requisitos. La botánica describe, interpreta y sintetiza los conocimientos en plantas y hongos. ¿De dónde vienen estas plantas? ¿Cuál es la base genética de los cambios? ¿Cómo se puede conservar la diversidad? Los resultados de estas investigaciones salen a la luz en publicaciones, conferencias y charlas tanto para profesionales como para el público interesado.

Granos de polen vistos al microscopio electrónico
Granos de polen vistos al microscopio electrónico

Exhibición de plantas vivas

Esta función es la que convierte al Real Jardín Botánico en un jardín: su similitud con un museo es total, ya que el visitante puede pasear entre las obras, aprender y apreciar su belleza. La forma en la que están dispuestas, siguiendo criterios científicos, y el marco arquitectónico, convierten al Jardín Botánico en un maravilloso exponente del patrimonio histórico.

plantas tropicales en el invernadero Jardín Botánico de Madrid
Algunos de los diferentes tipos de plantas tropicales que encontramos en el invernadero. © Marieta Bermudo

Expediciones científicas históricas

Así como los siglos XV y XVI fueron la época de las exploraciones, a partir del siglo XVIII se desarrolla un interés en conocer el mundo natural y clasificarlo. En el afán científico y racional del momento, la Corona comenzó a financiar las expediciones, que servían para recolectar, estudiar, y catalogar las muestras procedentes de todo el mundo. Destaca la expedición dirigida por Alejandro Malaspina, en la que se dio la vuelta al mundo, aunque también las que se realizaron a México, Colombia y Perú por Martín Sessé, José Celestino Mutis e Hipólito Ruiz, respectivamente.

Lámina botánica maíz
Matthieu Bonafous (creador), Ang.ª Bottione-Ross (ilustrador), Drupréel (grabador). Variedades de mazorcas de maíz. 1836. © RJB-CSIC.

Gracias a los aportes de estas expediciones se aumentaron las colecciones del herbario, pero también se sembraron las semillas que los expedicionarios trajeron para poder estudiarlas tranquilamente a la vuelta.

Herbario

Herbario del Jardín Botánico de Madrid
Los herbarios son fundamentales para el estudio de las plantas. © RJB – CSIC

El Real Jardín Botánico alberga el herbario más grande de España, con más de un millón de ejemplares, siendo una pieza clave para el estudio de la botánica. Principalmente están representadas plantas de la Península Ibérica, pero también destacan las muestras obtenidas durante las expediciones. Sus fondos se dividen en algas, briofitos, líquenes, hongos, plantas vasculares, colecciones de expediciones científicas y colecciones especiales -frutos y semillas, muestras de maderas, piñas…-. Como todas las colecciones, el Herbario no deja de crecer dado que la labor investigadora continúa, se reciben donaciones y se intercambian ejemplares con otros centros. 

Biblioteca y Archivo

La biblioteca y el archivo del Real Jardín Botánico han ido creciendo a la vez que el jardín. Además de la documentación propia a las labores de investigación que se llevan a cabo en el centro, ambos departamentos han recibido generosas donaciones de fondos de los distintos directores. La biblioteca cuenta con algunos incunables, así como material histórico de los siglos XVII y XVIII. Hoy en día la biblioteca es un referente para el estudio de la Botánica en España.

Por qué les gustará a los niños

El huerto

Huerto del Jardín Botánico de Madrid
Así luce el huerto del Real Jardín Botánico. © RJB-CSIC

En algún momento todos nos hemos planteado la idea de tener nuestro propio huerto y cultivar algo, ¿verdad? ¡Qué alegría ver crecer a esos pimientitos que conocemos desde semilla! Algunos prueban con unas macetas, otros más afortunados se lanzan a cultivar en un rincón de su propio jardín… Pero el del Jardín Botánico es un huerto urbano en toda regla. Está dividido en tres zonas: la de las plantas aromáticas, la de las especies hortícolas y los árboles frutales, que nos dan sus frutos a lo largo de todo el año.

El hotel de insectos

Desde este hotel tan especial se disfruta de unas formidables vistas al huerto y el estanque de agua dulce. Los inquilinos pueden alojarse en la habitación que más encaje con sus gustos: la decoración es algo ecléctica pero muy confortable. Cuenta con un delicioso servicio de restaurante para satisfacer los apetitos más voraces. Los clientes son bienvenidos a permanecer todo el tiempo que deseen en el hotel, incluso invernar durante el frío invierno madrileño.

Hotel de insectos del Jardín Botánico de Madrid
El hotel de insectos. © Marisa Esteban. RJB-CSIC.

Los bonsáis y las plantas carnívoras

Si alguna vez os habéis preguntado qué pasó con los bonsáis del presidente del Gobierno D. Felipe González, he aquí la respuesta. Fueron donados en 1996 y hoy se exhiben en la Terraza de los Laureles. Estos pequeños tesoros nos permiten ver por arriba cómo son los grandes árboles, e imaginar cómo son de diminutos los pajaritos que aniden en sus ramas 😉 . También nos podemos plantear las dificultades de su cuidado, o cómo han conseguido que se mantengan así de pequeños.

Por su parte, las plantas carnívoras también suelen resultar muy atractivas. ¿Qué carne comen? ¿Podrían comerse a mi hermano? ¿Cómo funcionan sus bocas?

Un viaje por el mundo sin salir de Madrid

¿Ganas de viajar? El Real Jardín Botánico es un museo vivo con el que podemos recorrer la flora de España, pero muchos ejemplares provienen de tierras lejanas. Un paseo por sus caminos nos transporta desde Cádiz a América, regresar por Filipinas, conocer desiertos y altas montañas… Podemos sentirnos Willy Fog ¡y recorrer el mundo en 80 plantas!

Cactus del Jardín Botánico
Los cactus nos trasladan a los desiertos del mundo… © Matthew Yglesias

(Me parece que voy a crear un reto en instagram #recorreelmundoen80plantas, ¡a ver si lo conseguimos! 😉 )

Jardín Botánico en Navidad

El proyecto Las luces del Real Jardín Botánico sigue la estela de otros jardines europeos, decorándose por Navidad. Al caer la noche, los visitantes pueden pasear por el Jardín en un ambiente realmente mágico, donde se destacan algunas plantas de manera espectacular y se crean juegos de luces únicos.

Las luces de Navidad ofrecen un espectáculo mágico
Las luces crean efectos mágicos en el Real Jardín Botánico durante la Navidad. © Kike Para

Si queréis saber más sobre el Jardín Botánico de Madrid

Libros

Añón Feliú, Carmen. Real Jardín Botánico de Madrid, sus orígenes (1755-1781). Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 1987.

Armada, Juan et. al. El Real Jardín Botánico de Madrid (1755-2005). Lunwerg Editores, 2005.

Elvira Palacio, Rosendo. Jardines Botánicos de España y Portugal. Universidad de Alcalá. Alcalá de Henares, 2007.

Gómez Centurión, Pilar. Real Jardín Botánico: un jardín ilustrado. Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid. Madrid, 1999.

Martínez Rodríguez, Jorge. Jardín Botánico de Madrid: un paseo guiado.

Maldonado Polo, J. L. Ciencia en penumbra. El Jardín Botánico de Madrid en los orígenes del liberalismo. 1808-1834. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 2013.

VV.AA. Memoria y Naturaleza. El archivo del Real Jardín Botánico de Madrid. Lunwerg Editores, 2010.

Artículos

Baratas Díaz, Luis A. «El núcleo de las instituciones científicas matritenses en el Paseo del Prado desde el siglo XVIII», en Asclepio, vol. XLVIII, nº 1, 1996. págs. 183-217.

García Martínez, Elena. «Intervención en el banco decorativo modernista de Federico Marés. Real Jardín Botánico de Madrid (España)», en Informes y Trabajos, Instituto del Patrimonio Cultural de España, nº 16, 2018. págs. 147-160.

Guerra de la Vega, Ramón. «Juan de Villanueva y el Jardín Botánico del Prado», en Villa de Madrid, nº 91, año XXV, editada por Ayuntamiento de Madrid. Madrid, 1987. págs. 25-44.

Pérez-Rubín, Juan. «Melitón Atienza (1827-1890) y sus proyectos de Jardín ‘Geográfico’ (Madrid, 1856) y Jardín ‘Botánico-Zoológico de Aclimatación’ (Málaga, 1878-1882)», en Acta Botánica Malacitana, 27, 2002. págs. 232-234.

Velayos, Guillermo, et. al. «Sobre la ubicación de los jardines cultivados en Madrid por Joseph Quer y, en especial, la del Jardín Botánico de Migas Calientes», en Anales del Jardín Botánico de Madrid, vol. 77, nº 1, 2020. Artículo completo aquí.

Libros de Botánica para los más jóvenes

El Real Jardín Botánico tiene disponibles en su página web multitud de recursos educativos, así como algunas apps que pueden resultar muy interesantes.

Scott, Katie y Kathy Willis. Botanicum. Impedimenta. Madrid, 2016.

Calvino, Italo. La floresta-raíz-laberinto. Siruela. Madrid, 2013.

Ignotofsky, Rachel. Planeta Tierra. Nórdica. Madrid, 2019.

Halpin, Abigail y Megan Wagner Lloyd. En busca de lo salvaje. Errata Naturae. Madrid, 2018.

Bowley, Tim e Inés Vilpi. Jaime y las bellotas. Kalandraka. Madrid, 2005.

Menotti, Nadia. Planta un árbol. Pastel de Luna. Madrid, 2018

Barman, Adrienne. Herbario. Libros del Zorro Rojo. Barcelona, 2018.

Pinto, Sagrario y María Isabel Fuentes. Las plantas. Anaya. Madrid, 2017.

Kipling, Rudyard. El libro de las tierras vírgenes. Alianza Editorial. 2010.

Tavares, Ana Cristina. El alga que quería ser una flor. Universidad de Coimbra. Inquire.

 

¿Te gustan los jardines históricos?

 

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