¿Qué sucede después de la muerte en la mitología coreana? Las tradiciones retratan un proceso complicado y cuidadosamente organizado, en el que el alma inicia una travesía por el inframundo coreano, en contraposición a la concepción de un fin inmediato o de un destino eterno. Este viaje no solo conlleva juicios y sanciones, sino también grandes cambios, recuerdos y la oportunidad de renacer.
En la concepción coreana del Más Allá, el alma no desaparece, sino que pasa por una serie de fases que son dirigidas por mensajeros, valoradas por jueces y acompañadas por rituales llevados a cabo por los familiares vivos. Durante este proceso, los Diez Reyes del Inframundo examinan cada acto de la vida anterior, mientras que el karma define el destino final del espíritu dentro del ciclo de reencarnación.

Usando la religión, la tradición y el arte, los coreanos han construido una perspectiva del Más Allá que es tan compleja como fascinante. Vamos a averiguar cómo es el inframundo coreano, quiénes lo habitan, de qué manera se juzga el alma y cuál es su suerte después de la muerte, descubriendo uno de los sistemas más complejos y visuales de la espiritualidad en Asia.
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¿Cómo llega el alma al inframundo coreano?
La muerte no es el final, sino el inicio de un largo viaje. El alma abandona el mundo de los vivos -el isung (이승)- y comienza su trayecto hacia el reino de los muertos, llamado jeoseung (저승). Este paso entre ambos mundos no ocurre de forma instantánea. Durante los primeros momentos tras la muerte, el espíritu aún está confundido, y todavía permanece cerca del lugar donde vivió. Mientras tanto, la familia realiza los rituales destinados a guiarlo en su nueva vida. Estos ritos no sólo honran al difunto sino que también ayudan al alma a orientarse en su nueva situación.

En Corea se mezclan las creencias procedentes del budismo y el chamanismo. El alma irá avanzando por el inframundo donde será juzgada por las autoridades del más allá. Pero no estará sola: le acompañan distintas figuras sobrenaturales -mensajeros, guardianes y funcionarios espirituales- que conducirán al difunto hasta los tribunales donde se evaluará su vida.
Tampoco es un viaje que se haga rápidamente. Durante los 49 días posteriores a la muerte, el alma se va enfrentando a los distintos tribunales donde se decidirá su futuro. Mientras tanto, sus familias celebran ceremonias especiales cada 7 días, para apoyar desde el isung el trayecto de su ser querido.
¿Cómo es el inframundo en la mitología coreana?
El mundo de los muertos o jeoseung (저승) no es un lugar vacío ni silencioso. Es un territorio organizadísimo, con caminos, guardianes y autoridades que velan por el equilibrio entre la vida y la muerte. Para garantizar el correcto funcionamiento de este reino, las almas coreanas se encuentran con una serie de seres sobrenaturales que cumplen meticulosamente su trabajo, como un mecanismo bien engrasado. Todos ellos se encuentran bajo el mandato de Yeom-ra (염라), el gran señor del inframundo y encargado de presidir el juicio de los muertos junto a otros jueces espirituales.

Los mensajeros de la muerte
Cuando llega el momento de abandonar el mundo de los vivos, hacen su aparición los jeoseung saja (저승사자), cuyo nombre significa literalmente mensajeros del otro mundo. Su función es acudir al isung, buscar a los difuntos y guiar su almas hacia el inframundo. No son demonios, sino emisarios que cumplen una tarea dentro del orden del universo.

Guías espirituales de las almas
A veces es otra figura la que acompaña a las almas en su tránsito al Más Allá. Se trata de Baridegi (바리데기), conocida popularmente como la princesa Bari. Según el mito, Bari fue una princesa abandonada al nacer que, años más tarde, emprendió un viaje extraordinario al inframundo para conseguir el agua capaz de salvar la vida de sus padres. Aquel descenso al jeoseung cambió su destino para siempre.

Tras completar su misión, Bari se convirtió en mediadora entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Por eso, en muchas narraciones chamánicas se la considera la primera guía de almas y ancestro espiritual de las mudang, las chamanas coreanas.
Espíritus guardianes del inframundo
Nada más acceder al inframundo coreano, el alma no encuentra unas fronteras desprotegidas. Existen espíritus guardianes -los sumunjang (수문장)- que vigilan las puertas del Más Allá y controlan el paso de las almas, para que no se cuele quien no debe.

Su función es similar a los guardianes de los templos en la arquitectura tradicional. Los sumunjang no persiguen ni castigan a los humanos, si no que mantienen en orden los límites inframundo, evitando que los espíritus se desvíen de su camino o regresen sin permiso al isung.
Funcionarios del más allá
Para que toda administración gubernamental funcione correctamente, se necesita un cuerpo de funcionarios que organice la siempre creciente documentación. El inframundo coreano cuenta con sus propios funcionarios, los jeoseung gwanri (저승 관리), encargados de gestionar el destino de las almas tras la muerte.
Estos seres actúan como escribas y administradores del mundo espiritual. Su labor consiste en registrar la vida de cada persona, consultar los documentos que contienen sus acciones y coordinar el proceso por el que pasa el alma tras abandonar el mundo de los vivos. En ocasiones también supervisan el traslado de los espíritus hasta los tribunales del inframundo y preparan los registros que utilizarán los jueces del más allá.

Imagen via.
Así, el viaje tras la muerte no es simplemente un tránsito sobrenatural, sino un proceso administrativo del mundo espiritual, donde cada acción de la vida queda registrada y revisada antes de determinar el destino final del alma.

En un sistema tan burocrático como es el inframundo coreano, los saengsabu (생사부) se convierten en el elemento fundamental. Se trata de los registros de vida y muerte que contienen la información de cada persona: su nacimiento, su destino y el registro de sus acciones. Los funcionarios del más allá consultan estos documentos para verificar la identidad del alma y revisar su trayectoria moral antes de presentarla ante los jueces del inframundo. Aquí nada se pierde ni se olvida: cada acción, buena o mala, queda anotada y forma parte del expediente espiritual del individuo. De este modo el destino del alma no depende del azar, sino de un sistema de evaluación basado en documentos y registros.
Jueces del inframundo
Ahora viene la segunda parte. Una vez el alma ha accedido al inframundo, se encontrará con los siwang (시왕), un tribunal espiritual formado por los Diez Reyes del Inframundo. Cada uno de estos jueces preside una fase del juicio de las almas y evalúa las acciones realizadas durante la vida. El líder de estos jueces es Yeom-ra, el gran rey del inframundo, cuyo tribunal ocupa el quinto lugar en el viaje de las almas por el más allá.

Los Diez Reyes del inframundo en la mitología coreana
Los Diez Reyes del Inframundo, conocidos como siwang (시왕), gobiernan distintos niveles del mundo de los muertos: en lugar de un único juicio final, el alma atraviesa distintos tribunales donde es evaluada antes de determinar su destino definitivo.

Este complejo sistema de jueces muestra cómo la visión coreana del Más Allá combina chamanismo, budismo y tradiciones populares.

Qin’gwang Daewang: El primer rey del inframundo coreano y el inicio del juicio del alma
Recibe al alma a los siete días de la muerte e inicia el proceso judicial en el inframundo coreano, registrando su llegada y estableciendo las primeras evaluaciones del karma.
Qin’gwang Daewang (진광대왕) es el primer rey del jeoseung y el encargado de recibir al alma en los momentos iniciales tras la muerte. Su tribunal marca el comienzo del juicio espiritual: es aquí donde el difunto encuentra por primera vez la poderosa burocracia del Más Allá.
La función de Qin’gwang es evaluar el estado inicial del alma. Se revisan los registros de la vida -custodiados por los funcionarios del inframundo- y se determina si el espíritu debe continuar su recorrido por los siguientes tribunales o si su destino puede resolverse en esta fase inicial.

Qin’gwang representa la puerta entre dos mundos: ya no se pertenece al mundo de los vivos, pero todavía no se ha dictado un destino definitivo. Es un momento de toma de conciencia: el alma comprende que será juzgada y que cada una de sus acciones tendrá consecuencias.
Chogang Daewang: El segundo rey del inframundo coreano y el análisis de las acciones en vida
Examina con mayor detalle las decisiones morales del difunto, profundizando en el juicio de sus actos dentro de la mitología coreana del más allá.
Chogang Daewang (초강대왕) preside el segundo tribunal del inframundo y recibe al alma catorce días después de la muerte. El juicio se vuelve más específico: ya no se trata solo de registrar la llegada del difunto, sino de examinar con mayor detalle sus acciones en vida.
Según la tradición budista del Más Allá, cada uno de los Diez Reyes evalúa aspectos concretos del comportamiento humano: en el tribunal de Chogang se analizan especialmente las faltas morales y las decisiones éticas del individuo. Los registros consultados por los funcionarios del inframundo permiten reconstruir la vida del difunto con precisión ya que todo se ha conservado en su expediente.

El río que separa el mundo de los vivos del de los muertos
Antes de continuar su camino por los tribunales del inframundo, muchas almas deben enfrentarse a un elemento fundamental: el río que separa el isung del mundo de los muertos. Este motivo recuerda a otros ríos del inframundo en distintas culturas, pero en el contexto coreano forma parte del proceso gradual de juicio ante los Diez Reyes.
Cruzar el río significa aceptar definitivamente la muerte y abandonar el mundo terrenal. No todas las almas lo atraviesan de la misma manera: algunas lo hacen guiadas por los mensajeros del inframundo, mientras que otras deben enfrentarse a sus propias culpas antes de poder cruzar. Quienes han llevado una vida virtuosa cruzan con tranquilidad, mientras que para los más rebeldes el río se convierte en un espacio de miedo, duda o castigo.
Songje Daewang: El tercer rey del inframundo coreano y la justicia imperial del alma
Evalúa la conducta del individuo desde una perspectiva de orden y justicia, aplicando principios de autoridad propios del juicio de las almas en Corea.
Songje Daewang (송제대왕) preside el tercer tribunal del inframundo coreano, examinando con detalle las acciones del difunto, evaluando tanto la moral personal como la armonía de sus actos con las normas sociales. Es un reflejo de la justicia imperial del Más Allá coreano.

Songje simboliza la autoridad suprema en la aplicación de la ley y la rectitud. Este tribunal enfatiza la responsabilidad individual y la conexión entre las acciones en vida y las consecuencias en el Más Allá.
Oguan Daewang: El cuarto rey del inframundo coreano y el juicio de los cinco sentidos
Analiza cómo el alma utilizó los sentidos en vida, vinculando percepción, deseo y moralidad en el budismo del más allá coreano.
El cuarto tribunal pertenece a Oguan Daewang (오관대왕) , cuyo nombre significa “rey de los cinco órganos o sentidos”. El alma comparece en su tribunal 28 días después de la muerte y la evaluación se centra en los cinco sentidos -vista, oído, olfato, gusto y tacto- como vías a través de las cuales el ser humano ha interactuado con el mundo y, por tanto, ha generado mérito o culpa. Oguan Daewang examina si los sentidos han sido utilizados con moderación y rectitud o, por el contrario, han llevado al alma por el mal camino.

En el arte budista coreano, Oguan Daewang aparece representado como un juez rodeado de escenas que ilustran castigos relacionados con los excesos de los sentidos -grandes banquetes, placeres desmedidos…- frente a imágenes de disciplina y autocontrol. Son claras lecciones visuales sobre las consecuencias de un comportamiento demasiado hedonista.
Yeom-ra Daewang: El quinto rey del inframundo coreano y el gran juicio del karma
Figura central del inframundo en Corea, preside uno de los juicios más importantes, donde se determina el peso global del karma acumulado.
El quinto tribunal está presidido por Yeom-ra Daewang (염라대왕), la figura más famosa del inframundo, monarca absoluto del jeoseung. El origen de esta figura se remonta a antiguas tradiciones religiosas de Asia. Su nombre procede de Yama, el dios de la muerte de la India védica. Con la expansión del budismo, esta divinidad llegó a China, donde se le conoce como Yanluo Wang, y más tarde fue adoptada en Corea bajo el nombre de Yeom-ra.

El espejo del karma
Uno de los objetos más famosos asociados al tribunal del inframundo dirigido por Yeom-ra es el llamado espejo del karma, un objeto mágico que revela las acciones realizadas durante la vida. Cuando el alma comparece ante su tribunal, Yeom-ra le coloca enfrente este espejo, que refleja con total claridad sus actos pasados. Las buenas acciones aparecen junto a las malas, y el espíritu no puede ocultar nada de lo que hizo en vida. El destino del alma no depende de un castigo arbitrario, sino de las propias acciones acumuladas a lo largo de la existencia.

Byeonseong Daewang: El sexto rey del inframundo coreano y la transformación del karma
Asociado al cambio y la purificación, decide cómo las acciones pasadas pueden transformarse mediante castigos simbólicos en el Más Allá.
El sexto tribunal del inframundo coreano está presidido por Byeonseong Daewang (변성대왕), una figura estrechamente vinculada a la transformación del karma y a la posibilidad de cambio en el destino del alma. Este tribunal se asocia tradicionalmente con el infierno de las serpientes venenosas: los castigos no solo representan el sufrimiento, sino también la naturaleza de las faltas cometidas. Las serpientes simbolizan el engaño, la traición o los impulsos ocultos, reflejando cómo ciertos comportamientos pueden volverse contra el propio individuo en el Más Allá.

Pero los castigos de Byeonseong Daewang también pueden ser transformadores: son procesos de purificación o adaptación del alma, que se prepara para los juicios posteriores o incluso para una futura reencarnación. Siempre hay esperanza y espacio para mejorar.
Taesan Daewang: El séptimo rey del inframundo coreano y la evaluación decisiva del destino
Realiza una valoración global del alma, acercándose a una decisión definitiva sobre su futuro en la vida después de la muerte en Corea.

En el tribunal de Taesan Daewang (태산대왕) el juicio alcanza un punto crítico: se realiza una evaluación decisiva del destino del alma, teniendo en cuenta todo el karma acumulado y los veredictos de los tribunales anteriores. Taesan Daewang con la gran montaña (Taesan), donde se conectan el mundo de los vivos y el inframundo. Bajo su jurisdicción, el alma es sometida a un examen más profundo que determina si deberá continuar sufriendo castigos, avanzar hacia estados más favorables o prepararse para la reencarnación. El tribunal de Taesan Daewang busca el equilibro final en el conjunto de la existencia de la persona.
Pyeongdeung Daewang: El octavo rey del inframundo coreano y el juicio de la equidad
Aplica un criterio de justicia absoluta, equilibrando acciones buenas y malas en el sistema moral del Más Allá coreano.
Pyeongdeung Daewang (평등대왕), es el “rey de la igualdad” o “de la equidad”. En esta fase del juicio, el alma es evaluada bajo un principio fundamental: la imparcialidad absoluta. Pyeongdeung Daewang actúa como un juez que garantiza que cada alma reciba un trato justo, sin favoritismos ni agravios, reflejando la idea budista de que el universo moral está regido por leyes equitativas.
Dosi Daewang: El noveno rey del inframundo coreano y la preparación para la reencarnación
Supervisa la fase final del juicio, preparando al alma para su destino dentro del ciclo de renacimiento.
El noveno tribunal está presidido por Dosi Daewang (도시대왕), una figura clave en la transición final del alma dentro del Más Allá coreano. En este punto, el juicio ya ha sido prácticamente completado, y el proceso se centra en preparar al alma para su destino definitivo. Dosi Daewang supervisa la fase previa a la reencarnación, donde se consolidan las decisiones tomadas en los tribunales anteriores. Aquí, el alma puede ser asignada a un nuevo ciclo de vida o dirigida hacia estados de existencia acordes con su karma acumulado.
Odojeonryun Daewang: El décimo rey del inframundo coreano y la reencarnación del alma
Cierra el proceso determinando la nueva vida del alma, vinculando el juicio final con el ciclo del samsara en la mitología coreana.
El último tribunal está presidido por Odojeonryun Daewang, (오도전륜대왕) quien decide el destino final del alma. Su nombre significa “el rey que hace girar la rueda de los cinco caminos”, en referencia a los diferentes reinos del renacimiento budista: dioses, humanos, animales, espíritus hambrientos o seres del infierno. Tras su juicio, el alma abandona el inframundo y entra en una nueva existencia dentro del ciclo de la reencarnación.

Juicio del alma: los 49 días después de la muerte
Todo este proceso de los tribunales y el juicio del alma por los siwang no es inmediato ni urgente, sino que se desarrolla a lo largo de un periodo de 49 días después de la muerte. El alma requiere su tiempo para comprender su nueva situación y, como todas las cuestiones administrativas complejas en este mundo, en el siguiente también el proceso lleva su tiempo.
Sin embargo, este recorrido no es solitario para el alma. La familia y amigos el difunto juegan un papel fundamental acompañando y apoyando al espíritu en su camino mediante la celebración de rituales funerarios. Estas ceremonias toman elementos del budismo y de las tradiciones chamánicas coreanas e incluyen ofrendas, oraciones y memoriales conmemorativos. Tienen lugar los días 7, 14, 21, 28, 35, 42 y 49 después de la muerte. A través de estos actos, los familiares buscan aliviar el sufrimiento del alma, facilitar su paso por los juicios y acceder a un destino más favorable en el ciclo de la reencarnación.

El tránsito por el Más Allá es una experiencia que comparten vivos y muertos, y los vínculos familiares continúan más allá de la vida. El destino del alma no depende únicamente de sus acciones pasadas, sino también del acompañamiento y el cariñoso recuerdo que ofrecen al alma sus parientes.
Los siete rituales del duelo: qué ocurre en cada uno de los 49 días
Vemos la importancia del número 7 y sus múltiplos en el tránsito del alma por el inframundo coreano. En estas fechas señaladas es cuando la familia celebra los rituales funerarios por su ser querido más especiales.
Día 7: Primer memorial (초재, chojae)
El alma llega ante el primer tribunal del inframundo. La familia realiza ofrendas de comida, incienso y oraciones para ayudar al espíritu en su primer juicio y asegurar que no se encuentre desorientado en el Más Allá.
Día 14: Segundo memorial (이재, ijae)
En esta segunda ceremonia, los familiares vuelven a reunirse para honrar al difunto y pedir clemencia en el siguiente juicio. Es un momento en el que se refuerza el vínculo entre el mundo de los vivos y el de los muertos.
Día 21 : Tercer memorial (삼재, samjae)
Este ritual marca la mitad del tránsito espiritual. Se considera un momento crítico en el que las acciones de la vida del difunto comienzan a pesar con mayor fuerza en las decisiones de los jueces del inframundo.
Día 28: Cuarto memorial (사재, sajae)
Las ceremonias continúan con ofrendas y lecturas de sutras. La familia busca aliviar el sufrimiento del alma y ayudarla a superar los posibles castigos que haya podido recibir en los tribunales anteriores.
Día 35: Quinto memorial (오재, ojae)
Este ritual coincide con la fase en la que el destino del alma empieza a perfilarse. Los familiares suelen realizar ofrendas más elaboradas y actos de caridad en nombre del difunto, creyendo que estos méritos pueden influir en su juicio.
Día 42: Sexto memorial (육재, yukjae)
El alma se acerca a los tribunales finales. Las ceremonias son más solemnes, y las oraciones se centran en facilitar una transición pacífica hacia la siguiente etapa del viaje espiritual.
Día 49: Séptimo memorial (칠재, chiljae)
El último ritual marca el final del periodo de duelo principal. Se considera que el alma ha completado su recorrido por los tribunales del inframundo y que su destino ha sido decidido. La ceremonia se centra en despedir al difunto y desearle una transición favorable hacia su próxima existencia.
Los kkokdu: los acompañantes del alma en su viaje al Más Allá
En los funerales tradicionales coreanos, el viaje del alma no se realizaba en soledad. El féretro es transportado en una estructura ceremonial llamada sangyeo, decorada con pequeñas figuras de madera conocidas como kkokdu. Estas figuras representaban acompañantes del difunto en su tránsito hacia el Más Allá.

Los kkokdu podían adoptar múltiples formas: guardianes armados que protegían el alma, cuidadores que atendían sus necesidades, músicos y acróbatas que la entretenían, e incluso animales míticos como dragones o fénix que simbolizaban el paso entre mundos. Su función era asegurar que el difunto no se sintiera solo en su viaje.

Castigos y destinos del alma en el inframundo coreano
Bueno, ¿y qué pasa una vez que el alma ha atravesado los distintos tribunales del inframundo coreano? Odojeonryun Daewang, el décimo rey, no se limita a emitir una simple sentencia. Empuja al alma a atravesar una serie de castigos, transformaciones y destinos que reflejan el karma acumulado en vida. El fin último de los castigos es corregir la moral, ya que toda acción ha de tener sus consecuencias.

Los castigos más representativos del imaginario coreano incluyen infiernos asociados a tormentos físicos, como montañas afiladas, ríos de fuego o espacios habitados por criaturas que representan los vicios humanos.
Sin embargo, no todos los destinos implican sufrimiento prolongado. En muchos casos, el paso por estos estados tiene un carácter temporal y transformador, permitiendo al alma purificarse antes de avanzar hacia su siguiente etapa. El inframundo en Corea no es un lugar de condena eterna, sino un espacio de tránsito dentro de un ciclo más amplio.
El destino final del alma está profundamente ligado al concepto de reencarnación, donde cada nueva vida se configura a partir del equilibrio entre acciones positivas y negativas. De este modo, el viaje por el inframundo no representa un final, sino una fase dentro del continuo proceso del existir.
¿Es el inframundo coreano un infierno?
El jeoseung puede parecer similar a la idea occidental de infierno, es decir, un lugar donde las almas son juzgadas y castigadas tras la muerte. Pero en el inframundo coreano las almas no permanecen allí para siempre, sino que atraviesan una serie de situaciones que determinan su futuro dentro del ciclo de la reencarnación.

El karma puede ser mejorado gracias a los castigos, cuya función es restablecer el equilibrio antes de que el alma continúe su camino. La diferencia es fundamental: el castigo no es un final, sino una etapa purificadora.
Además, el inframundo coreano está organizado como un sistema administrativo, con tribunales, registros y jueces que evalúan cada aspecto de la vida del difunto. El destino del espíritu no depende de un juicio arbitrario, sino de un sistema de justicia moral preciso.
Más que un infierno, el inframundo en Corea puede entenderse como un proceso judicial, donde el alma es examinada, purificada y finalmente redirigida hacia su siguiente existencia. Es un lugar donde se enfrentan las consecuencias de la vida vivida, pero también donde existe la posibilidad de cambio. La muerte no es un final definitivo, sino una transición donde se decide cómo continuará la historia del alma.
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- Estilo académico: Marieta Bermudo. «El Inframundo coreano». Historia, maleta y niños. Febrero, 2026. https://www.historiamaletayninos.com/inframundo-coreano/. Fecha de acceso.
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